En 1776, las 13 colonias británicas de América del Norte
se independizaban de Gran Bretaña para crear lo que hoy conocemos como
Estados Unidos (EU). En 1801, Haití se convertía en la primera república
negra del mundo al independizarse de Francia. Posteriormente, desde
1810 hasta 1826, las colonias hispanoamericanas proclamaban sus
independencias y alcanzarían su libertad, no sin antes enfrentar una
larga guerra. En esas luchas, Simón Bolívar escribía la Carta de
Jamaica, esbozando la idea de Panamá como centro de un augusto congreso
que se lograría en 1826 con el Congreso de Panamá, primera reunión
continental de la historia.
En EU, tras la
experiencia de la Segunda Guerra contra Inglaterra (1812-1814) y la
derrota de la Francia de Napoleón y la constitución de la Santa Alianza
por las monarquías europeas, en el Congreso de Viena de 1815, el
presidente James Monroe con su secretario de Estado, John Quincy Adams,
promulgó la declaración de cuatro puntos que lleva su nombre
(Declaración Monroe).
Tanto el Congreso de Panamá con
su Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua, como la Declaración
Monroe, aunque no impidieron acciones europeas en el continente o el
expansionismo estadounidense a través del denominado Destino Manifiesto;
a pesar de sus antagonismos, fueron los antecedentes al Panamericanismo
impulsado por el secretario de Estado de EU, James Blaine, para iniciar
las denominadas Conferencias Panamericanas en 1889, que se mantuvieron
hasta 1954, así como las tres reuniones de consulta, la primera en
Panamá (1939).
De estas, surgió el Sistema
Interamericano expresado en la creación de la Organización de Estados
Americanos (OEA), en 1948. No obstante, las relaciones entre el norte y
el sur en diferentes momentos históricos, nunca han contado con una
uniformidad de criterios entre sus miembros. Con el final de la Guerra
Fría, la democratización de nuestros países y la amenaza terrorista y
fundamentalista, la región experimenta nuevas realidades históricas,
totalmente distintas a los últimos años del siglo XX.
La reciente cumbre de Panamá pasará a la historia no solo por el éxito
de la reconciliación entre EU y Cuba, después de años de conflicto y que
cierra un vestigio de la Guerra Fría. Esta misma Cumbre ha sentado las
bases de las nuevas relaciones hemisféricas y del replanteamiento del
Sistema Interamericano.
En Panamá nació un nuevo
modelo de relaciones hemisféricas, como base de la evolución en este
siglo XXI, partiendo de la existencia de aquellas diferencias del pasado
que provocaron divisiones, dictaduras, violaciones a los derechos
humanos y traumas; sirvan de experiencia para iniciar el camino a
mejores momentos para todos sus habitantes. Este nuevo modelo de
relaciones hemisféricas descansaría en cuatro pilares importantes: el
estado de derecho, el respeto a los derechos humanos, un bienestar
económico continental y acceso a la educación y tecnologías de la
información.
El fortalecimiento de un estado de
derecho en nuestros países va más allá de la realización de elecciones
generales, permitirá la total aplicación de la Carta Democrática de la
OEA, como base de estas relaciones.
El respeto a los
derechos humanos ha sido asignatura pendiente y adquiere no solo su
dimensión tradicional. Involucra al ser humano, como actor, y envuelve
sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y
ambientales.
El bienestar económico continental,
ampliado a todos sus ciudadanos, permite mejores niveles de vida,
empoderándolo como sujeto de su propio desarrollo e incentiva su
participación fiscalizadora y proactiva de los recursos de sus Estados.
Y por último, la educación integral de calidad para todos los
ciudadanos de nuestra América. La propuesta de un Sistema de Educación,
del presidente Santos de Colombia, es un paso hacia este anhelo.
Aunque el encuentro Castro-Obama fue el gran éxito de la cumbre. No se
puede negar que así como los vientos de cambios soplan sobre Cuba, tras
esta reunión, la realidad de nuevas relaciones hemisféricas, que
incluyen la participación ciudadana, también sopla en el continente.
Tarde o temprano, los vestigios de autoritarismo en el continente no
podrán continuar, sea con un discurso de izquierda o de derecha,
autoritarismo es autoritarismo. Así como Panamá vio en su suelo la
primera reunión continental de las Américas, también ha dado luz para el
futuro del Sistema Interamericano. Es una realidad que llegó para
quedarse.